EL DESPERTAR DE FABIOLA

 

Fabiola camino mas deprisa, intentando dejar atrás a aquel hombre que la había abordado. Eran las 6 de la tarde de aquel martes caluroso de abril, apenas diez minutos antes había salido del instituto de belleza en donde estudiaba, y había caminado un par de calles cuando aquel hombre de aspecto rudo le habló.

"Adiós preciosa, ¿te acompaño?"

Ella lo ignoró y continuó caminando, apretó la bolsa en donde cargaba sus accesorios de estudio y su dinero, por temor a ser asaltada y evito mirarlo. Sabia que no debía hacerle caso pues era una mujer casada. Se había casado a los 17 años con un hombre 10 años mayor que ella y ahora, a sus 20 años, y con un hijo de dos años, había decidido estudiar para tener una carrera. Su esposo la había apoyado en su proyecto.

"¡Eres un bombón, mamacita, te invito lo que quieras!"

Ella lo miro y se dio cuenta que era un hombre mayor, posiblemente de unos 45 años, tal vez un obrero por lo sucio de su aspecto, y a pesar de su edad, muy fornido.

"¡Daría lo que fuera por ver lo que esconde ese pantalón!"

"Que atrevido" pensó ella, aunque no podía negar que se sentía halagada por aquellas palabras. Hacia tanto tiempo que su esposo no le decía alguna frase que la hiciera sentir deseable. Las presiones diarias, el trabajo y el estrés habían hecho que sus relaciones sexuales fueran esporádicas y sin pasión. Quizás por eso las palabras de aquel sujeto halagaron su vanidad de mujer.

"Pero ¿que cosas pienso?" Fabiola se reprochó, miró su anillo de bodas y pensó en su esposo y sus pequeños hijos que ya estarían esperándola en su hogar. No era que fuera muy feliz en su matrimonio ya que desde hace algún tiempo su esposo y ella tenían continuos problemas entre ellos. Sus discusiones eran por la vida rutinaria en que ella se sentía atrapada, ya que, entre el quehacer de la casa y los niños no tenia tiempo para su persona.

Llegaron a la parada del autobús, y ella se detuvo esperando que aquel hombre siguiera su camino, pero aquel hombre se paró a escasos dos metros de ella. Solo estaban ellos dos en aquella esquina.

"Te doy lo que quieras por verte en ropa interior"

Aquellas palabras la hicieron temblar, y se dio cuenta que la había excitado el oír aquello. ¿De verdad causaba tal efecto en aquel hombre o solo era uno de tantos atrevidos que molestaban a las mujeres? Y por primera vez, como una chispa, surgió en su cerebro aquella pregunta, ¿Qué se sentirá hacerlo con alguien que no es tu marido? De inmediato se reprocho sus pensamientos.

La espera del autobús se le hacia eterna, y aquel hombre no se retiro sino que siguió observándola. Sentía su mirada con fuerza recorrerla toda, y le gustaba, incluso hizo movimientos un poco coquetos sabiéndose admirada. De pronto, comenzaron a llegar mas personas a la esquina aquella para esperar el autobús y Fabiola respiro aliviada de ya no estar sola con aquel sujeto, aunque se sintió un poco frustrada por no poder recibir mas halagos.

De repente, a lo lejos apareció el autobús que la llevaría a su casa. Fabiola miro a aquel hombre, "Adiós" le dijo mentalmente y le sonrió fugazmente a aquel desconocido que la había hecho sentirse nuevamente una mujer. El sujeto la miro y sonrió también. El autobús llegó y la gente se amontono para abordar sin ninguna cortesía, como suele suceder en las grandes ciudades. Fabiola miro su reloj, daban las 6:20 de la tarde y calculo que en unos cuarenta minutos estaría en su hogar y por primera vez sintió deseos de no llegar a la rutina de siempre, sin embargo, su familia la esperaba. Pensó en su marido y una sonrisa aprecio en sus labios, "que pensara si supiera que mentalmente le fui infiel" se dijo recordando lo sucedido con aquel hombre.

La gente subió lentamente y ella se fue acercando a la puerta. De pronto entre tantos empujones de las personas que buscaban subir, Fabiola se estremeció y la sangre le subió al rostro al sentir aquella mano apretar sus nalgas y una voz que le susurro al oído.

"No te subas y te haré llegar al cielo"

Fabiola se paralizo y un calorcillo fue creciendo en su entrepierna. La gente terminó de subirse y el autobús cerró la puerta y arrancó. En aquella esquina, inmóvil, se quedó ella, aun sin reaccionar, sorprendida por la rápida acción de aquel sujeto. No supo porque no abordo el transporte ni mucho menos entendía por que no se mostró indignada por lo que aquel tipo había hecho.

"¡Ven!"

Aquel desconocido la tomo de la mano y Fabiola se dejo llevar como un manso cordero. "es una locura" se repetía en su mente mientras caminaba de la mano de aquel rudo sujeto. "¿A dónde me lleva? Se preguntó y casi de inmediato vino la respuesta, tras caminar dos calles llegaron a un viejo y sucio hotel de poca clase. Fabiola iba a negarse a entrar, pero aquel hombre la abrazo y la llevo adentro. El desconocido aquel pidió una habitación y ella bajo la vista ante la mirada picaresca que le dedico el administrador de aquel lugar.

El ruido de la puerta de la habitación al cerrarse hizo que quisiera salir corriendo de ahí. "Era una locura, su familia la esperaba, debía detener aquello" pensaba pero se dio cuenta que no lo deseaba. De pronto sintió la mano de aquel hombre nuevamente sobre sus nalgas.

"Te voy a disfrutar toda, muchachita"

El sujeto la hizo girar, y se prendió a su boca, besándola de forma vulgar, su lengua se enrosco en la de ella y Fabiola respondió. Luego se separo y comenzó a desvestirse. Cuando se quito la camisa, Fabiola no pudo menos que admirar el fuerte torso de aquel hombre maduro, producto, quizá, del trabajo rudo que realizaba.

"¿quieres ver lo que te vas a comer, mamacita?" le dijo mientras comenzaba a desabrocharse el pantalón. Fabiola miro expectante la entrepierna de aquel sujeto. El hombre desabrochó su pantalón y se lo bajo junto a con los calzones. "¡Oohh!" exclamó ella cuando el desconocido quedo totalmente desnudo.

"¿te gusta?" pregunto el hombre al darse cuenta de cómo el miraba la verga. Fabiola no contesto, estaba como hipnotizada mirando la verga de aquel hombre. Nunca había visto otro miembro que no fuera el de su marido.

"ahora te toca a ti, quiero que te me hagas un streap tease, preciosa"

"P-pero, yo no se…" replico ella.

"¡Solo baila mientras te encueras, puta!"

A pesar de que el hombre le hablo fuerte ella no se molesto e hizo lo que le pedía. Fabiola comenzó a moverse, intentando ser sensual, se quito las zapatillas, luego comenzó a levantarse la blusa para sacársela por encima de la cabeza. Poco a poco sus pechos fueron mostrándose cubiertos por un precioso brasier blanco.

"¡Ohh, sigue, sigue, ahora el pantalón!" gemía aquel hombre sentado al borde de la cama, mientras se sobaba fuertemente la verga que presentaba ya una erección.

Fabiola empezó a desabrocharse el pantalón con lentitud. Su mente evoco a su esposo y su hijo. "como es posible que me este desnudando frente a este hombre" pensaba. El pantalón cayó al suelo dejando su cuerpo solo cubierto por la ropa interior.

"¡Ohh!, ¡Que buena te ves con ese calzoncito fino, preciosa!"

Aquel sujeto no pudo más y levantándose se acerco a Fabiola. Nuevamente se prendió a sus labios acariciándola toda, pechos, nalgas, piernas, y su pucha que a esas altura estaba bastante húmeda. Fabiola respondió a las caricias y fuera de si, agarro desesperadamente la enorme verga del hombre, sobandola como loca. Era la primera verga ajena que tomaba en su vida de casada.

"¡Chupamela!"

Aquel hombre la tomo de la cabeza y la obligo a arrodillarse hasta que la cabeza de ella quedo a la altura de su miembro. Fabiola solo en contadas ocasiones había hecho aquello con su esposo, ya que le parecía asqueroso. Trato de resistirse pero aquel hombre uso su fuerza y logro meterle la verga en la boca. Inexperta como era, la chupo torpemente. "¡ahhh! ¡Que bruta eres, pero sigue, sigue!" le decía aquel hombre que estaba gozando de la caliente boquita de Fabiola. Ella no supo cuanto tiempo estuvo comiéndose aquel trozo de carne, que ya empezaba a disfrutar al saborearlo, pero de pronto, aquel hombre la levanto con fuerza y le arranco los calzones, luego la arrojo a la cama.

"¡ya no aguanto, te voy a meter la verga, puta!" dijo mientras se frotaba el miembro. Fabiola espero ansiosa. El hombre se le metió entre las piernas y coloco la punta de su enorme miembro en la puchita de ella.

"¡Aahhmmjj! ¡Despacio…!" gimió ella abriéndose lo mas que pudo para recibir aquella verga. El se inclino poco a poco, deslizando los centímetros de su miembro dentro de Fabiola.

"¡Que rica estas, mi amor!" le susurraba el y de pronto, con un feroz empujón le metió todo su miembro hasta que sus testículos chocaron con el vientre de ella.

"¡Aaagghh! ¡Nooo, sácamela!" le grito ella al sentir ensancharse de golpe su Vagina.

"¡Ni madres puta, tu quisiste venir ahora la vas a sentir toda!"

El hombre empezó un vigoroso mete y saca, y poco a poco Fabiola paso del dolor al placer. Era increíble sentir aquel miembro. La sensación de sentir aquella verga adentro la hacia olvidarse de sus prejuicios. Solo quería ser una mujer cogida por su macho.

"¡Ay, Papazote! ¡Que rico!"

El hombre sacaba su verga y se la encajaba hasta adentro cada vez mas. Fabiola se estaba volviendo loca de placer. De pronto el saco su verga y la quiso hacer girar.

"¡voltéate, perra, te voy a coger por el culo!"

"¡Noooo! ¡Por ahí no quiero!" protesto ella y recordó las veces que su marido había querido hacerlo así y el dolor que había sentido.

"¡como de que no, puta, para eso viniste!"

¡nooo, no quiero!" grito ella y aventó al sujeto. Este la miro contrariado.

"¡esta bien puta, acomódate para seguir cogiendote!"

El hombre se la volvió a meter, ahora con mas fuerza y hasta con coraje por la frustración de no lograr su deseo. Sin embargo, Fabiola gozaba como loca.

"¡ough! ¡Mmhh! ¡¡¡Sigue, asiii!!!

"¡Lo sabia! ¡Eres una puta cualquiera! ¡Ohh!"

"¡¡¡siiii!!! ¡¡¡Soy tu puta!!! ¡¡¡Méteme tu verga!!!

Su pucha recibía una y otra vez la verga de aquel desconocido. Cuando la abordo a la salida del instituto de belleza, no imagino que momentos después estaría recibiendo una gran cogida de aquel sujeto en aquel cuartucho de hotel.

"¡¡¡asiii!!! ¡¡¡cogeme fuerte, asiii!!!"

De pronto, el comenzó a bombear mas duro y ella sintió la gloria. Fabiola sintió como se le endureció más el miembro al hombre. Fabiola comenzó a girar las caderas y apretó su pucha alrededor del pene. Esta acción hizo que aquel hombre explotara y empezó a bombear su leche dentro de ella.

"¡¡¡asiii, putitaaa!!! ¡¡¡Que buena estas, mamacitaaa!!!"

¡¡¡Maaaasss!!! ¡¡¡Dámelo todo!!!

Fabiola recibió gustosa el semen en sus entrañas y, al sentirlo ella también se vino de una forma que jamás había experimentado. Al final ambos quedaron exhaustos.

"Eres toda una puta, mi amor" le dijo aquel hombre mientras retiraba su ya, flácido miembro de ella. Fabiola sonrió. De la decente mujer casada no quedaba nada. Ahí, en aquella habitación se había convertido en una puta total.

De pronto el encanto se rompió, ella recupero la lucidez y miro el reloj. Asustada.

"¡Dios mío, es tardísimo! ¡¿Qué le voy a decir a mi esposo?!"

CONTINUARA…

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